En estos momentos, una nave espacial se aproxima a Marte a unos 6 kilómetros por segundo. Aunque la frase anterior suena a ciencia ficción, y además de la mala, describe un hecho real: la llegada al planeta rojo del "Mars Science Laboratory", también conocido como "Curiosity", un todoterreno alimentado por energía nuclear que explorará la superficie durante unos dos años. Si nada lo impide, tomará tierra con precisión el lunes, tras un complicado conjunto de maniobras que incluyen el uso de un escudo térmico, un paracaídas gigante, retrocohetes orientables... ¡y una grúa!
El viaje del "Curiosity" supone el regreso a Marte de la NASA, aunque quizá la palabra "regreso" no sea la más adecuada, porque la agencia estadounidense no se ha "marchado" del planeta. Mantiene a su alrededor dos orbitadores, el "Mars Reconnaissance Orbiter" y el "Mars Odyssey", y un "rover" anterior en activo, el "Opportunity", hermano mayor en edad, pero menor en tamaño, del "Curiosity" y cuya longevidad no deja de asombrar a los técnicos.
El "Curiosity" es el último de una larga serie de artefactos -más de 40- que se han acercado con mayor o menor fortuna a Marte. Los primeros se limitaron a sobrevolarlo. El "Mariner 9" lo rodeó en 1971, convirtiéndose en la primera sonda que entraba en órbita alrededor de otro planeta. La Unión Soviética, fabricante entusiasta de numerosos ingenios espaciales, envió varios y se apuntó en el marcador de la carrera espacial los primeros "amartizajes", los de la "Mars 2" y la "Mars 3", aunque no fueron muy airosos: la primera dejó de transmitir según descendía -el "aterrizaje" se le supone por ley de gravedad-, y la segunda apenas funcionó unos segundos tras tocar tierra. Mejor suerte tuvo la NASA con las dos "Viking", que aterrizaron sin problemas en 1976, hicieron cientos de fotos y realizaron experimentos para comprobar lo que los científicos quieren saber sobre este mundo vecino casi desde los tiempos de Galileo: ¿hay o hubo vida en Marte? Aunque negativos, los resultados de las "Viking" abrieron nuevas incógnitas, lo que animó a seguir investigando. Los sucesivos "landers", robots automóviles y orbitadores no han encontrado ningún organismo -ningún marciano, propiamente dicho-, pero sí rastros de que en un tiempo allí abundó el agua.
A la búsqueda de vida
"Curiosity", más grande y mejor equipado que sus antecesores, tratará de averiguar si en algún momento el planeta albergó vida, y analizará su geología y clima. «Una de las razones principales por las que vamos a Marte es averiguar si alguna vez hubo vida allí», explica el científico jefe del Programa de Exploración de Marte de la NASA, Michael Meyer. «Si, en el segundo lugar de nuestro Sistema Solar en el que pensamos que la vida tiene una posibilidad de existir, la hubo, mi conclusión sería que la vida es fácil, es un proceso natural y el Universo está lleno de lugares con vida», añade.
Los científicos han escogido un lugar de aterrizaje que ofrezca posibilidades de tener agua o muestre rastros de ella: el interior del cráter Gale, de unos 154 kilómetros de diámetro, en cuyo centro se alza una montaña, Aeolis Mons, de más de 5.500 metros de altura. ¿Por qué este cráter? Por las capas de sedimentos que lo colmatan en algunas de sus partes y que indican que aquello pudo ser hace mucho tiempo el fondo de un lago. Quizá sea un lugar propicio para acoger vida microbiana. "Curiosity" aterrizará en la llanura formada por sedimentos que separa la pared norte del cráter de la montaña.
El laboratorio despegó de Cabo Cañaveral el 26 de noviembre de 2011 a bordo de un cohete Atlas V. Es un vehículo todoterreno sobre seis ruedas, dos veces más grande y cinco más pesado que sus antecesores, el accidentado "Spirit" y el resistente "Opportunity". Aterrizar en Marte -o "amartizar", si se prefiere- no es fácil. Su atmósfera es lo suficientemente densa como para que se requiera el uso de un escudo térmico para penetrar en ella y como para poder utilizar paracaídas de frenado. Pero no lo bastante como para que los paracaídas garanticen una toma de tierra suave. Así que los técnicos de la NASA han utilizado sistemas combinados desde los tiempos de las "Viking". Aquellas sondas entraron protegidas por un escudo térmico, desplegaron sus paracaídas y al final activaron unos cohetes para posarse con suavidad. Aparatos posteriores -incluido el todoterreno "Sojourner" en 1997- se sirvieron de la combinación de paracaídas y "airbags".
Alto riesgo
"Curiosity", que pesa cerca de una tonelada, mucho más que los "rovers" anteriores, no puede usar esos sistemas y utilizará una versión más sofisticada y, por tanto, más arriesgada. Tras desprenderse de la etapa de crucero de la nave, descenderá protegido por un escudo térmico que se hará cargo de la parte más dura: entrar a 21.243 kilómetros por hora en la atmósfera marciana y decelerar hasta alcanzar una altura sobre la superficie de 11.000 metros. Todavía a velocidad supersónica, en torno a los 1.450 kilómetros por hora, se desplegará un paracaídas de nylon de 21 metros de diámetro, hasta que el vehículo esté a 20 metros del suelo, ya sin el escudo térmico. Y aquí llega la gran novedad: la plataforma de descenso, que lleva el vehículo todoterreno acoplado a su parte inferior, encenderá ocho cohetes estabilizadores, que lo mantendrán en el aire -el fino "aire" marciano, compuesto sobre todo por dióxido de carbono- y le permitirán maniobrar sobre el lugar escogido mientras la nave desciende. Como si fuera una grúa, depositará el "rover" en el suelo descolgándolo con unos cables. Cuando el explorador toque la superficie, unas cargas explosivas cortarán los cables, y la nave grúa saldrá volando hacia un punto donde efectuará un "crash landing". Se estrellará, dicho de otro modo.
Toda la maniobra es muy delicada y los técnicos de la NASA, conscientes de ello, la han etiquetado como "Los 7 minutos de terror", tiempo en el que la nave permanecerá incomunicada con la Tierra mientras pasa de una velocidad de 21.243 kilómetros por hora a unos 2,74. «Posar a "Curiosity" en Marte es la misión más difícil jamás emprendida por la NASA en la historia de la exploración robótica planetaria», afirma John Grunsfeld, director adjunto de la agencia espacial para las misiones científicas.
Una vez en su zona de trabajo, el aparato pondrá en funcionamiento todo su instrumental científico: cuatro sistemas de cámaras, una de ellas montada sobre el brazo robot y diseñada para capturar imágenes microscópicas de muestras de las rocas y el suelo; varios espectrómetros; un sistema de toma y análisis de muestras; detectores de radiación; y una estación medioambiental completa. Por delante, tendrá kilómetros de paisaje marciano para investigar.
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Por Manu Arregi Biziola
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