Eduardo Angulo es autor del blog 'La Biología Estupenda'.
Aprendimos el mes pasado que los bretones las prefieren rubias y con busto desarrollado. Vale, pero, si queremos que sus genes lleguen a la siguiente generación, necesitan resolver los dos problemas típicos de la reproducción con sexo: elegir pareja, lo que ya han hecho; y atraerla para que acepte reproducirse con ellos, con los bretones, quiero decir. Y, ya que no todas las parejas posibles son iguales, la elección debe tener muy en cuenta los objetivos básicos de la reproducción, o sea, el éxito reproductor, medido por el número de hijos nacidos, y la supervivencia de las crías, es decir, de los hijos. Así lo dice David Buss, de la Universidad de Texas en Austin, pionero de la psicología evolutiva y autor del libro 'La evolución del deseo' (Alianza Editorial, 2004), que recomiendo a quien se interese por estos asuntos.
Somos una especie con una descendencia especialmente indefensa en edades tempranas. El tamaño de nuestro cerebro es tal que el cráneo que lo contiene no podría pasar por el orificio de la pelvis de la mujer en el momento del nacimiento si nuestras crías nacieran más crecidas. Por ello, la evolución ha seleccionado una cría pequeña de tamaño y con desarrollo muy temprano y, por tanto, con un cráneo también pequeño. Pero, por lo mismo, es una cría indefensa que necesita muchos cuidados y un largo aprendizaje para enfrentarse a la vida.
Además, estamos entre el escaso 3% de especies de mamíferos que forma parejas estables. Es necesario este compromiso entre ambos sexos para cuidar de las crías durante el crecimiento. Así, las mujeres buscarán -de hecho, buscan- un macho sano, con recursos para cuidar y alimentar a los hijos, y que se comprometa a largo plazo por amor (ese amor romántico que es la trampa hormonal y evolutiva que lleva al compromiso).
En cambio, los hombres buscarán -y. de hecho, buscan- una mujer sana que pueda tener una abundante descendencia. Y la única manera de saber si la mujer elegida está sana es que sea guapa; belleza y salud son cada una de ellas síntoma de la otra. Por algo los bretones prefieren mujeres con el busto desarrollado: es síntoma de buena salud y de una crianza adecuada de la descendencia. Lo de que, además, sean rubias, da para otro debate; hay quien ha propuesto que, en nuestra cultura, a piel más clara, mejor salud. Es una hipótesis, nada más.
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