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LA CIENCIA MOLA

Surrealismo científico

Jose A. Pérez - 13/12/2011
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Jose A. Pérez está en Twitter como @mimesacojea y es autor del blog 'Mi Mesa Cojea'.

Salvador Dalí sentía fascinación por la ciencia. El extravagante genio catalán, nacido en 1904, vivió su madurez personal y artística en plena era atómica, una época bipolar donde el átomo era el rostro de un esperanzador mañana y, al mismo tiempo, de la total ausencia de futuro. Mientras la amenaza de un Apocalipsis nuclear planeaba sobre los titulares día sí, día también, la energía atómica era vista como la panacea. Tal intensidad alcanzó el optimismo atómico que la empresa de automóviles Ford llegó a anunciar su prototipo Nucleon, el primer vehículo que (según sus creadores) circularía por las carreteras provisto de un motor nuclear.

Dalí reflejó este mundo atómico en algunas de sus obras maestras. No es difícil adivinar en sus relojes blandos una plasmación de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. El tiempo, súbitamente relativo, se ablanda inconsistente en el lienzo. En "Idilio atómico y uránico melancólico" y en "Las tres esfinges de Bikini", pintados poco después de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, Dalí se muestra fascinado por una bomba atómica transmutada en cabeza humana y en árbol.

A finales de los 50, la imaginación de Dalí es atrapada por los descubrimientos del físico Werber Heisenberg, padre del principio de incertidumbre, y escribe: «Quiero encontrar la manera de transportar mis obras a la antimateria». Lo plasma en "Galatea con Esferas", pintado en el 52, donde el rostro de su amada Gala se descompone en partículas circulares que, según indican las líneas cinéticas, se agitan vigorosas.

En los años 60, la era atómica da paso a la era de la genética, un cambio de la tendencia dominante en el ámbito científico que coincide con una revolución social, política y artística. En 1962 Crick, Watson y Frederick obtienen el Premio Nobel en Fisiología «por sus descubrimientos acerca de la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su importancia para la transferencia de información en la materia viva». Un año después, Dalí pinta "Galacidalacidesoxyribonucleicacid", donde pasa por el tamiz del surrealismo la estructura del ADN.

Es toda una experiencia revisar la obra del genio de Figueras con la ciencia como filtro. Sus cuadros nos recuerdan que la ciencia y el arte, cuando el arte es sincero, comparten una esencia común: el ansia por comprender lo que aún no comprendemos.

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