Los taxistas de Londres deben conocer, para conseguir la licencia, las 25.000 calles de la ciudad y sus 20.000 puntos de interés. / EFECuando monto en un taxi, me asombro del mecanismo tan extraordinario que pongo en marcha en cuanto digo la dirección a la que me dirijo, y no me refiero al vehículo. En cuestión de segundos, mi amigo el taxista planifica y decide la ruta que va a tomar, y el único mapa que utiliza está en su cabeza. Es admirable su preparación y profesionalidad. Seguro que Eleanor Maguire, del University College de Londres, está de acuerdo conmigo. Lleva más de una década estudiando la conducta y el cerebro de los 25.000 taxistas de Londres, los conductores de los famosos 'cabs', los taxis negros de la capital británica.
En 2000 publicó un trabajo que mostraba, con imágenes de escáner del cerebro, que tienen el hipocampo mayor que la población en general y que, además, es más grande cuanto más tiempo llevan en la profesión. El hipocampo es una estructura par de nuestro cerebro, con uno en cada hemisferio, situado en el interior del lóbulo temporal, más o menos a la altura de las orejas. Interviene en tareas de memoria espacial y orientación. Así, los animales que entierran su alimento lo tienen más grande que los que no lo hacen. Parece lógico, visto así, que los taxistas tengan el hipocampo más grande, ya que se orientan muy bien.
Maguire argumentó que quizá se debía al intenso tráfico de Londres y al estrés que produce manejarse en él todos lo días. Pero, cuando comparó el hipocampo de los taxistas con el de los conductores de los autobuses de la ciudad, que sufren el mismo tráfico y estrés pero se mueven por rutas prefijadas, vio que estos tienen el hipocampo del mismo tamaño que el resto de la población. Solo los taxistas lo tienen más grande. Además, ha visto que es el hipocampo la zona del cerebro que se activa cuando el taxista planifica el itinerario que va a seguir.
Los taxistas de Londres deben conocer, para conseguir la licencia, las 25.000 calles de la ciudad, sus 20.000 puntos de interés y las rutas que los relacionan, con direcciones de calles, semáforos y demás. Es lo que llaman 'The Knowledge' (El Conocimiento) y tardan unos cuatro años en conseguirlo. Durante su preparación, Maguire ha observado que el hipocampo de los aspirantes aumenta de tamaño. Y que vuelve a su tamaño original en algo más de tres años cuando el taxista se jubila.
En fin, vean cómo nuestros amigos taxistas nos demuestran que el cerebro no es un órgano estático, que puede cambiar con el aprendizaje y adaptarse a nuevas tareas. Debemos agradecer a los taxistas este viaje, un viaje muy especial, a su cerebro, a nuestro cerebro, al cerebro de todos.
Por Manu Arregi Biziola
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