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FÍSICA

El mundo no necesita superhéroes

Hulk, Thor, Spiderman, Flash, Superman y compañía tienen poderes extraordinarios que, de existir en la realidad, provocarían más desgracias que otra cosa

Sergio L. Palacios - 23/01/2012
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El mundo no necesita superhéroes Detalle de una portada del cómic 'Superman Orígenes'.

Miro al mundo y veo dolor, sufrimiento. Vidas amputadas por explosiones de bombas, granadas y minas. Familias enteras destrozadas a causa de terremotos, huracanes y otros desastres naturales. Y me pregunto por qué, qué hemos hecho los seres humanos para merecer semejante saña, tanto por parte de la naturaleza como por la de nuestros semejantes. ¿No hay nada ni nadie que sea capaz de librarnos de todo este pesar? No sé, ¿quizá un pájaro, un avión o... un superhéroe?

¿No sería éste un planeta mucho mejor si los superhéroes existiesen, si estuviesen ahí siempre que los necesitásemos? ¿No podrían ellos, armados con sus maravillosas capacidades, evitar las grandes catástrofes, eliminar los arsenales militares, salvar cientos de vidas a diario y acabar de una vez por todas con el mal que nos acecha?

Poderes increíbles

Cuando era niño me entusiasmaban las hazañas superheroicas que leía en los cómics de grandes compañías como DC y MARVEL. Luego, en mi adolescencia, el cine supuso la puerta de entrada a un mundo de maravilla en el que las viñetas cobraban vida. Superman, Spiderman, Hulk y demás eran de carne y hueso, y no simples dibujos en papel. Volaban, saltaban, corrían a velocidades inimaginables. Nada quedaba fuera de su alcance y su poder. La Humanidad no corría peligro alguno. ¿O tal vez sí?

Pasaron los años y me hice mayor. Fui a la universidad y estudié física. Y, entonces, todo cambió. Comencé a hacerme preguntas, como cuando tenía 10 años y sospeché por primera vez que los Reyes Magos no eran lo que aparentaban. Me dio por cuestionarme los poderes de los superhéroes desde un punto de vista científico, si había manera de que sus logros fuesen fieles a las leyes de la física, los principios que rigen el universo en que habitamos. Y todo fue decepción.

Dejadme que os relate tan solo algunas de mis pesadumbres. Luego, que cada uno saque las conclusiones que más le satisfagan. Yo solo expondré los hechos fríamente, sin pasión alguna. Pura ciencia despojada de sentimentalismos debilitadores.

Fuera bruta

Comenzaré con Hulk, el impresionante álter ego verde fosforescente de Bruce Banner, brillante inventor de la bomba gamma. Tras sufrir un desafortunado accidente, el doctor Banner experimenta transformaciones esporádicas cuando su nivel de adrenalina se desboca. Durante esas fases, su cuerpo humano habitual de 70 kilos muta en una descomunal mole de casi 500, prácticamente en unos pocos segundos. ¿Cómo es posible esa creación aparentemente espontánea de materia?

Sabemos lo difícil que resulta crear nuevas partículas elementales en los grandes aceleradores del CERN y otros centros de investigación. En esas instalaciones, se genera materia en cantidades minúsculas, pero siempre a costa de un ingente gasto energético, que viene cuantificado por E =mc2, la célebre ecuación de Einstein. Así pues, ¿de dónde saca Banner la energía necesaria para incrementar su masa en más de 400 kilos, una energía equivalente a casi 10 billones de kilovatios hora?

Aún resulta mucho más preocupante y peligroso cuando recupera su apariencia humana. El exceso de masa, en esta ocasión, debería liberarse en forma de energía, dando lugar más que probablemente a una explosión superior a los 9.000 megatones: unas 600.000 bombas como la de Hiroshima, solo que detonadas de forma simultánea. ¿No es preferible una guerra nuclear convencional, de las de toda la vida?

Bien, borremos de nuestra vida a Hulk. ¿Qué tal un tipo duro como Thor, armado con un martillo nada usual, un martillo que solamente puede levantar él o, excepcionalmente, algún que otro superhéroe extraordinario? ¿Cuánto puede pesar tamaño artefacto? ¿No puede producir más daño que bien un instrumento que, en versión popular modesta, sirve como eficiente multiplicador de la fuerza humana? Al fin y al cabo, con que tan solo liberase una energía de un kilotón -hazaña modesta para un superhéroe con poderes divinos-, al impactar con el suelo generaría un terremoto de magnitud 4. Por favor, nórdico benefactor, por lo que más quieras, que no se te caiga accidentalmente de las manos el martillo en uno de tus paseítos por la estratosfera.

A toda velocidad

Permitidme que pase a superhéroes más mundanos, más cercanos a nosotros, de ésos que nos ayudan en nuestros quehaceres diarios. Todos conocéis a Spiderman, el asombroso hombre araña, la identidad secreta de Peter Parker. Una de sus aficiones preferidas a la hora de hacer el bien es rescatar desvalidas víctimas de supervillanos que se precipitan al vacío desde azoteas, ventanas y puentes. Para ello, no se le ocurre mejor cosa que lanzar sus hilos de telaraña y detener las potencialmente fatales caídas. ¿Es consciente de lo que hace? ¿No se da cuenta de que frenar bruscamente un cuerpo que se desplaza a gran velocidad implica necesariamente ejercer una fuerza descomunal sobre el mismo?

Tan solo hay que tener en cuenta las sencillas y útiles leyes de la mecánica de Newton que, con tanto amor y pasión docente, nos enseñaron nuestros profesores de física. Pues bien, según dichas leyes, una persona que cayese desde una altura de unos 180 metros -nada difícil en una ciudad como Nueva York, con imponentes puentes y rascacielos- alcanzaría una velocidad de 216 kilómetros por hora en 6 segundos. Interrumpir su caída en 5 décimas de segundo le produciría una fuerza equivalente a 12 veces su propio peso, fracturándole el cuello con total seguridad.

La forma más inteligente y científica de actuar consistiría en aumentar considerablemente el tiempo de detención de la víctima y, en consecuencia, reducir en proporción la fuerza aplicada. Esto es, en definitiva, lo que se hace con los 'airbags' de los automóviles, los guantes de los boxeadores, las colchonetas no rígidas de los bomberos y las cuerdas elásticas delos insensatos practicantes de 'puenting'.

Flash tampoco lo haría mucho mejor, pues correr a velocidades supersónicas o incluso relativistas también tendría consecuencias poco halagüeñas. Pensad, si no, en el conocido 'boom' sónico que produce cualquier objeto que supera la velocidad del sonido (aviones de combate, balas...). Claro que la velocidad del sonido es una minucia para un superhéroe como Flash. Mucho antes se encontraría con el implacable rozamiento, la fricción entre sus botas y el asfalto.

Nunca podría describir una curva demasiado cerrada con una velocidad excesiva. Incluso otorgando a su supercalzado un agarre casi perfecto, debería disponer de una curva con un radio superior a un kilómetro antes de darse de bruces contra el edificio de enfrente a tan solo 360 kilómetros por hora, con los consiguientes destrozos. Y todo lo anterior sin tener en cuenta que a velocidades de superhéroe -miles de kilómetros por segundo- se desencadenarían huracanes devastadores. ¿Nunca habéis visto lo que hace un tren al pasar a 100 kilómetros por hora por el andén? Pensad que esa línea amarilla que os dice que no os acerquéis os recuerda a cada momento el principio de Bernoulli, algo que Flash ha olvidado o, peor aún, nunca ha sabido.

El hombre de acero

Claro que, para soluciones drásticas, las de Superman, el último hijo de Krypton. Después de todo, si no puedes evitar una catástrofe a tiempo, siempre te queda la opción de viajar en el tiempo hacia el pasado y actuar antes de que suceda. Eso, al menos, hace en la película de Richard Donner cuando su archienemigo Lex Luthor intenta acabar con la península de California, produciendo el peor terremoto de la historia, en el que perece Lois Lane. Nuestro amigo Kal-El, raudo y veloz, emprende viaje allende la Tierra y decide invertir el sentido de rotación de nuestro planeta a base de describir él mismo órbitas alrededor de aquél a velocidades increíbles.

No parece una idea muy razonable, pues la energía de rotación terrestre asciende nada menos que a 60 billones de megatones. Si toda esa energía se liberase en forma de calor al detenerse la rotación, la totalidad de los casi 1.500 trillones de kilos de agua de los océanos del mundo se evaporaría al instante. Más aún, todas las personas que caminasen tranquilamente en ese preciso momento saldrían despedidas por los aires a unos 1.700 kilómetros por hora en el ecuador, disminuyendo paulatinamente esa velocidad con la latitud.

¿No tenemos ya suficientes desgracias? ¿Hace falta continuar? ¡Basta ya! ¿Quién necesita a los superhéroes?

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