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ENTREVISTA

"No se pueden enseñar en el mismo colegio ciencia y religión"

El químico José María Mato reflexiona sobre la emoción de descubrir y la necesidad de una buena educación pública

Luis Alfonso Gámez - 21/08/2012
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"No se pueden enseñar en el mismo colegio ciencia y religión" José María Mato en los jardines del CIC bioGUNE, centro de investigación biomédica que dirige. / Luis Ángel Gómez

Suena suave música clásica de fondo en el despacho del director general del CIC bioGUNE, el químico José María Mato, mientras habla de emoción y ciencia en esta entrevista, realizada pocos días después de que el bosón de Higgs saltara a la fama.

-Peter Higgs lloró cuando el CERN anunció que posiblemente ha encontrado el bosón que lleva su nombre.

-Es comprensible. La emoción que produce la ciencia cuando un experimento sale bien es tremenda. Y, cuando el resultado es algo que propusiste hace 40 años y supone un punto de inflexión en la historia de la ciencia, tiene que ser extraordinario.

-¿Usted se emocionó?

-Sí, sí. Hay pocas veces que una noticia científica ocupe las portadas de todos los principales periódicos. ¿Por qué todos coincidieron con el bosón de Higgs? Porque saben que, aunque la mayoría no entendemos el experimento, es muy importante.

-Un paso clave en nuestra exploración del Universo.

-Ese es el atractivo de la ciencia. De pequeños, todos los animales buscamos lo desconocido. Explorar es fundamental para aprender a manejarnos en el mundo. Es algo que está en el programa genético de cualquier organismo, porque le va la vida en ello. Todo organismo debe explorar el entorno para ver lo que es comestible, lo que es un veneno, la especie amiga, la que no lo es... Los descubrimientos que hacemos de pequeños nos dejan huellas, que todos recordamos, de cosas que hemos tocado, oído o visto por primera vez.

-¿Es la emoción de estar descubriendo el mundo?

-Sí. Y con los datos de esas observaciones hacemos una teoría del mundo que no es correcta, pero nos sirve para interpretarlo. Luego, nos empiezan a dar conocimientos y podemos interpretar el mundo con más rigor, pero perdemos espontaneidad. Hay un punto máximo: cuando todavía mantienes la pasión por lo desconocido y la espontaneidad y, además, tienes el suficiente conocimiento como para elaborar nuevas teorías. Así se hace la ciencia.

Grandes hallazgos

-¿Se debe a eso que las ideas revolucionarias suelan, en ciertas disciplinas, ser obra de mentes jóvenes?

-Parece ser que los genios matemáticos pueden aprender en muy poco tiempo todas las matemáticas necesarias para desarrollar nuevas teorías y hacerlo cuando todavía ven el mundo con espontaneidad. Los matemáticos, los físicos y los químicos pueden formular nuevas teorías cuando son muy jóvenes. Ese interés infantil de llegar a lo nuevo a través de lo desconocido nos emociona enormemente a los científicos, pero le queda a toda la sociedad. Por eso, todos nos emocionamos con algo que no entendemos, como la partícula de Higgs, pero que sabemos que es importante.

-¿Es equiparable al descubrimiento de la estructura del ADN o a la secuención del genoma humano?

-¡Es mucho más importante que la secuenciación del genoma! Aquello era un problema de ingeniería. En biología, algo equiparable al bosón de Higgs fue el descubrimiento de que el ADN es la sustancia de los genes por Avery, MacLeod y McCarty en 1944. El de Watson y Crick fue emocionante porque, al ver la estructura del ADN, comprendimos la herencia.

-¿Lo emocionante del bosón de Higgs es que, aunque muchos no supiéramos de su papel clave, si no existiera, no estaríamos aquí?

-¡Claro! Además, de no existir esa partícula, toda la teoría sobre la que hemos construido nuestra visión de la estructura de la materia, de la realidad, no sería cierta. Al día siguiente, seguiría lavándome los dientes y viniendo a trabajar, pero... ¡uffff!

-Stephen Hawking llegó a decir que le parecía mucho más divertido que no existiera el bosón de Higgs porque habría que edificar una teoría nueva desde cero.

-Sería mucho más divertido, pero significaría que lo que hemos creído durante cien años no es cierto. Yo solo creo en la ciencia. Si uno tiene otras creencias, a lo mejor puede vivir cómodamente si este edificio se le cae. Pero yo solo creo en la ciencia; es mi única creencia. Imagínate a alguien que tiene una firme convicción religiosa y, de repente, por alguna razón deja de creer porque algo se desvanece. ¡Debe de ser terrible! Si uno de los pilares de la ciencia, la estructura de la materia, de lo que estamos hechos, se desmorona, yo, que no tengo fe, me sentiría fatal. ¡Este descubrimiento es fantástico! Si no hubiera existido, no me habría deprimido, pero...

-¿Le habría dado vértigo?

-Eso es. Creemos que tiene que haber límites al conocimiento científico. ¿Hasta dónde puede comprender la mente humana? ¿Podremos comprender el origen del Universo desde el comienzo? ¿Podremos comprender cómo se hace un pensamiento abstracto?

La educación pública

-Hemos podido comprender de dónde venimos.

-Sí. La forma de mirar la biología cambia con Darwin. Todos los descubrimientos de los siguientes 150 años han corroborado su teoría. No hay ningún experimento en biología que exija algo ajeno a ese guion. Cualquier célula humana se rige por los mismos principios que un virus o una bacteria. Todos los seres vivos estamos hechos de los mismos componentes.

-Que la hierba, una mosca y nosotros seamos parientes resulta impactante.

-Sí, es extraordinario. No tenemos ninguna duda de que el virus que me infecta, la hierba que piso y el pescado que como están hechos de lo mismo que yo y gobernados por los mismos principios. No hay ningún propósito en ninguna especie; las cosas ocurren porque ocurren. El Universo no tiene ningún propósito. No hay en nosotros ningún principio extraordinario. Hasta las bases del pensamiento abstracto tienen que estar en los microorganismos. Tenemos de especial que hemos sido capaces de salirnos de la evolución. Ya no la necesitamos para evolucionar. Disponemos de herramientas más precisas que los dedos, ordenadores que hacen cosas impensables para el cerebro... Y, de vez en cuando, nace un Higgs.

-Un genio.

-Sí. Un Higgs, un Mozart... Gente extraordinaria. Pero muchos podemos hacer con esfuerzo contribuciones interesantes a la ciencia y al arte. En el siglo XX, disminuyó la mortalidad, se alargó la vida y la mujer se incorporó a la educación y al trabajo. Antes no podía porque, como muchas morían de parto y muchos niños fallecían, para mantener la población la mujer debía tener una función principalmente reproductiva. El éxito de la salud pública ha permitido su incorporación a la educación y al trabajo. El Estado del bienestar ha hecho posible además que, independientemente de tus orígenes, puedas educarte. De nada sirve que nazca un Higgs, una mente privilegiada, si luego no accede a una buena educación. Sin una buena educación, a Higgs lo hubiéramos perdido.

-España está haciendo recortes en educación.

-Para seguir haciendo grandes hallazgos, como solo se da un Higgs por cada muchísimos de nosotros, necesitamos dar una buena educación a todos, poner a prueba a todos. La educación pública es muy importante. En Estados Unidos, los mecenas que dan dinero a los colegios a los que fueron saben que el éxito del país radica en que haya mentes prodigiosas que desarrollen grandes negocios, generen conocimiento o tengan grandes ideas. Nadie sabe de dónde va a salir un genio. Estadísticamente hablando, la probabilidad de que nazca en una familia muy rica es muy, muy pequeña.

España analfabeta

-Es que son muy pocos.

-Por eso hay que dar una buena educación a todos para que surjan los genios y florezcan. ¿Cuál ha sido el éxito de España? Ahora, nuestra producción científica es la de un país europeo. Estamos donde teníamos que haber estado siempre. ¿Por qué? Porque en mi generación muy poca gente accedía a una educación razonablemente buena, pero, a partir de finales de los 70, la educación pública llegó a todos. A finales de los 70, había en nuestro país un 20% de analfabetos entre la población de 20 a 25 años. Ese era el porcentaje de hombres que iba hacer el servicio militar y no sabía leer ni escribir.

-¿A finales de los 70?

-Sí. De haber ahora servicio militar, todos llegarían sabiendo leer y escribir. La educación ha cambiado en España radicalmente. Hemos mejorado la de base, y de ahí para arriba. Y la gente de origen humilde ha podido acceder a una buena educación universitaria. Una sociedad necesita élites intelectuales y, como no sabemos de dónde van a salir, hay que levantar todo el sistema. Si ahora lo bajamos, saldrán menos genios, porque el talento no tendrá todas las oportunidades para florecer.

-Si todos nacemos con ansias de explorar lo desconocido, ¿qué pasa para que esa pasión desaparezca en muchos casos en la escuela?

-Hay varios componentes. Uno es el dogmatismo. Si tienes pasión por explorar e interpretar la realidad y alguien te dice que hay verdades fundamentales que lo son porque sí, eso te desanima a la hora de buscar. Yo creo que no se pueden enseñar en el mismo colegio religión y ciencia. Nadie está de acuerdo conmigo en esto; pero no me puede importar menos.

-¿Y esa incompatibilidad...?

-El colegio es donde se educa, donde se guía esa inquietud por explorar el Universo con los sentidos, con el lenguaje... Te tienen que decir que sabemos cómo son algunas cosas y de otras no tenemos ni idea. Esa es la aventura del conocimiento, buscar lo nuevo a través de lo desconocido. Si, en ese mismo sitio, hay una clase en la que dicen que todo está perfectamente definido desde hace 2.000 años, no hay nada que hacer. No estoy en contra de que se enseñe religión, porque cada uno tiene sus creencias, pero hay que hacerlo en otro sitio. La catequesis no se puede impartir dentro del colegio. No puedes dar un concepto del todo, una explicación dogmática a todo, y a la vez enseñar química, física, biología... Resulta perturbador. Ciencia y religión son dos cosas inmiscibles.

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