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ARTE RUPESTRE

El mal remedio de Lascaux

Los biocidas usados en la cueva favorecieron la aparición de hongos en vez de eliminarlos

Julio Arrieta - 17/07/2012
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El mal remedio de Lascaux Un detalle de la cueva de Lascaux. / Agencias

La cueva de Lascaux atesora en sus paredes un impresionante conjunto de más de 1.900 pinturas y grabados paleolíticos. Clasificada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue sometida a partir de 2001 a un tratamiento con biocidas para acabar con un brote de hongos que estaba deteriorando algunas figuras. Ahora, un estudio liderado por expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), publicado en la revista "Environmental Science and Technology", ha demostrado que el remedio fue peor que la enfermedad.

Como el de tantas otras cuevas decoradas, el hallazgo de Lascaux (Montignac, valle del Vézère, Francia) fue casual. La descubrió un adolescente que perseguía a su perro, que a su vez corría tras un conejo que se escondió en un agujero. El can -que se llamaba Robot- entró en la oquedad tras su presa y el joven, Marcel Ravidat, se dio cuenta de que era el acceso colmatado de una cueva. Unos días después, el 12 de septiembre de 1940, volvió con unos amigos, agrandó el agujero y entró hasta una sala decorada con pinturas de animales y signos, buena parte de ellas bícromas: caballos, ciervos, bisontes y una serie de cinco toros gigantescos, uno de los cuales alcanza los 5,15 metros de longitud. Los primeros estudios los realizó el padre Henri Breuil, entonces la máxima autoridad en arte paleolítico y refugiado en la región porque había huido de la Francia ocupada. Concluida la Segunda Guerra Mundial, la cueva estuvo abierta al turismo desde 1948 hasta su cierre en 1963.

Visitante inesperado

Mientras los turistas admiran la cercana réplica de Lascaux II, solo los especialistas tienen acceso a la cueva original, cuyas condiciones ambientales y microclimáticas se mantienen bajo control. Sin embargo, en 2001 apareció un molesto visitante: un brote del hongo "Fusarium solani". Para frenarlo se aplicaron «tratamientos muy agresivos, utilizando el biocida cloruro de benzalconio, antibióticos y cal viva», explica el investigador del CSIC Cesáreo Sáiz, doctor en Biología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Ingeniería Química y Ciencias de los Materiales por la Universidad Técnica de Delft (Holanda), y coordinador del equipo encargado de evaluar la ecología microbiana de la cueva. En 2006 el brote se desató, «desarrollando un crecimiento explosivo y convirtiéndose en lo que es hoy la principal amenaza para las pinturas rupestres».

¿Qué ha ocurrido? Sáiz detalla que el problema «fue la mala elección del producto a aplicar. Se conoce desde hace tiempo que el cloruro de benzalconio no es un biocida para utilizar aisladamente, sino en rotación o combinación con otros, a fin de eliminar posibles resistencias, pero utilizado principalmente para controlar bacterias, mientras que el problema de Lascaux era de hongos». Según los científicos del CSIC, la aplicación del producto entre 2001 y 2004 no solo no eliminó los hongos, sino que además favoreció su diversidad. Como señala Sáiz, los especialistas franceses «ignoraron que el biocida aplicado es rápidamente inactivado por bacterias de los géneros "Pseudomonas" y "Aeromonas", que lo descomponen en una serie de productos sin actividad biocida, y que sirven de fuente de alimentación para otros organismos, entre ellos los hongos que se están desarrollando actualmente en la cueva».

Los problemas de conservación de Lascaux son análogos a los de otras grutas decoradas, en las que el arte rupestre se ha conservado gracias a que las condiciones ambientales se han mantenido prácticamente inalteradas a través de los milenios. El descubrimiento y la apertura al público rompen ese delicado equilibrio ambiental. Y suelen hacerlo para mal.

La entrada de visitantes «supone el aporte de una enorme cantidad de carbono orgánico (fibras de los vestidos de los visitantes, descamaciones de la piel, cabellos, residuos de alimentos, papeles, etcétera)» que es esencial para el desarrollo de microorganismos. «Esto produce un desequilibrio en las poblaciones microbianas indígenas que son desplazadas de los suelos y paredes por otros microorganismos especializados en la rápida utilización de la materia orgánica, como las bacterias heterótrofas y los hongos, que pueden provenir del exterior -añade Sáiz-. Tal concentración supone una mayor diversidad y biomasa microbiana, pudiendo llegar a originar brotes difíciles de controlar». Es lo que ocurrió en Lascaux.

Equilibrio delicado

El estado actual de la cueva es consecuencia de las alteraciones y modificaciones que sufrió desde su descubrimiento para adaptarla al turismo. La gruta fue acondicionada con la apertura de un acceso, se instaló un sistema de iluminación, y las entradas de visitantes fueron masivas a principios de los 60. El deterioro llegó a tal punto que André Malraux, entonces ministro de Cultura francés, decidió cerrarla al turismo para garantizar su conservación. Como explica Sáiz, la entrada descontrolada de visitantes «se tradujo en un incremento sustancial de las partículas en suspensión, la oscilación de temperatura, humedad y concentración de CO2 en el aire interior, así como cambios en el régimen de circulación del aire en el interior». Todo ello favoreció la corrosión de la roca soporte de las pinturas y «la proliferación microbiana, particularmente de algas producidas por la iluminación».

En cuanto a los hongos que ahora la afectan, no existe tratamiento alternativo menos agresivo que los biocidas utilizados. De hecho, cualquier intervención en una cueva «es, por definición, agresiva», subraya Sáiz. No existen biocidas «ni estudios que los avalen que puedan suponer una mejora en las condiciones de conservación de una gruta. No se conoce en su totalidad los microorganismos que habitan una cueva, ni su respuesta a la aplicación de biocidas, ni existe un biocida capaz de eliminar todos los tipos de microorganismos existentes en una cueva».

El equipo coordinado por Sáiz presentó el resultado de sus estudios a la Comisión Internacional para la Conservación de la Cueva de Lascaux en septiembre. La primera conclusión de la investigación es que el uso de biocidas fue un error y que se tuvo que haber optado por una conservación preventiva: «Somos partidarios de aplicar medidas correctoras tendentes a disminuir la llegada de nutrientes al interior, mantener el ambiente interno lo más estable posible y reducir las tasas de intercambio de materia y energía con el exterior».

Las medidas de conservación recomendadas por los técnicos del CSIC persiguen que la cueva «vuelva a un estado ambiental lo más próximo posible a las condiciones que tendría de forma natural. De esta forma, se pudieron evitar los fenómenos de condensación de agua directamente sobre las pinturas de Altamira tras cesar la entrada de visitantes, y reformar los cierres de la cueva y la circulación de aire en su interior».

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