Una planta marina en peligro de extinción es la especie más longeva: 100.000 años tiene un clon de 'Posidonia oceanica' que un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) ha hallado en Formentera. El descubrimiento se publica esta semana en la revista 'PLoS ONE'.
La posidonia es una planta clonal, y ésta ha sido la clave para poder llegar a esta conclusión. «Es una hierba marina y, si se escarva un poco, se puede comprobar que sus brotes (o haces) están conectados entre sí por rizomas o espolones», explica Núria Marbà, investigadora del CSIC y una de las autoras de este estudio. "Imagina un árbol tumbado en el suelo, con el tronco enterrado, y la copa en la superficie. Los tallos que conectan los brotes se van alargando y van produciendo individuos nuevos".
Los científicos han descubierto que los rizomas se extienden varios kilómetros, produciendo millones de plantas a partir de un mismo clon. En el caso de la posidonia, endémica del Mediterráneo, sus tallos crecen a un ritmo extremadamente lento, aproximadamente un centímetro al año. "Todo el grupo de plantas que tiene el mismo rizoma es genéticamente idéntico". Los investigadores han tomado muestras de más de 40 praderas de esta planta a lo largo del Mediterráneo. "Desde Chipre hasta Almería", apunta Marbà. Tras secuenciar su ADN, observaron que muchos clones o genotipos estaban en praderas separadas por hasta 15 kilómetros cerca de la isla de Formentera, dentro de la reserva dels Freus, que es Patrimonio de la Humanidad. "Conociendo esta distancia y el ritmo de crecimiento de la planta, nos ha sido posible calcular el tiempo que ha tardado en expandirse: unos 100.000 años", concluye la investigadora.
Gran capacidad de adaptación
El estudio sugiere que las plantas clonales «son más longevas de lo que pensábamos. No todas por igual, pero los límites de la longevidad están subestimados», asegura Marbà. Y también que un clon, para perdurar durante tantos miles de años, "debe ser muy resistente y tener una gran capacidad de adaptación a las condiciones ambientales de las zonas que ha ido colonizando. Encontrar un organismo tan viejo significa que ha tenido que desarrollar mecanismos para no ser tan vulnerable a perturbaciones ambientales".
Una conclusión que choca con el hecho de que las praderas de posidonia son uno de los ecosistemas que, hoy en día, más rápido estamos perdiendo. ¿Cómo es posible que algunos brotes hayan resistido durante 100.000 años a todo tipo de cambios y ahora la especie se encuentre amenazada? Según Marbà, hay varios motivos. "Ahora la degradación es muy rápida. Por un lado, las praderas de posidonias se destrozan directamente con acciones mecánicas. Por otro, también les afecta el exceso de materia orgánica y nutrientes. Además, son unas plantas muy sensibles al calentamiento del Mediterráneo. Después de un verano caluroso, la tasa mortalidad es tan grande que las pérdidas no se pueden compensar con el crecimiento, que es súmamente lento. Los cambios debido al calentamiento están siendo demasiado rápidos para que a la planta le dé tiempo a aclimatarse o a reproducirse".