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SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL

Urbanismo ecológico

Nadie quiere vivir ya en ciudades grises; tienen que ser verdes, en todo el mundo

Álex Fernández Muerza - 12/09/2012
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Urbanismo ecológico La Torre Biónica, un proyecto de ciudad verde vertical de los arquitectos españoles Eloy Celaya, Javier Gómez y María Rosa Cervera, y el ingeniero Javier Manrique.

Nadie quiere vivir hoy en un Bilbao como el de hace veinticinco años, con fábricas en plena ciudad». Fernando Barrenechea, director general de Ihobe, la sociedad pública de gestión ambiental del Gobierno vasco, no cree que cualquier pasado fue mejor, al menos en el aspecto medioambiental.

La mitad de la Humanidad vive en zonas urbanas, una proporción que podría llegar al 75% en unas décadas. De hecho, cuatro de cada cinco europeos son urbanitas. Y los ciudadanos nos hemos vuelto más exigentes. Las urbes ya no pueden ser grises, sino que tienen que ser verdes, en todo el mundo. «El dinero hoy está en India, Brasil y China, y quieren lo mejor. Los trenes que se venden a China son ambientalmente mucho más eficientes que los que circulan por España», señala Barrenechea.

Invertir en el medio ambiente de las ciudades es una de las mejores medidas para salir de la crisis. Lo señalan expertos como Joan Fitzgerald, autora del libro "Ciudades esmeralda". Esta investigadora estadounidense ha estudiado algunas de las ciudades europeas y de su país más avanzadas. En todas, la revitalización urbana se ha basado en la innovación y la ecología. «Gran parte de la sostenibilidad urbana supone invertir en infraestructuras que contribuyen al desarrollo económico», explica.

Ecología industrial

No es casualidad, por tanto, que los países más desarrollados dispongan del mejor medio ambiente urbano. El índice Better life (Mejor vida) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el "club de los países ricos", señala a Suecia como el de mejor calidad medioambiental del mundo, seguido de Islandia, Alemania, Noruega y Finlandia. España se queda en el 28º puesto.

Así lo ven también en la Comisión Europea (CE), que en 2006 creó el premio Capital Verde Europea. El galardón reconoce a las ciudades con los planes verdes más ambiciosos, e incentiva al resto para que sigan el ejemplo. Vitoria es este año la Capital Verde Europea por su diseño, sus planes contra el cambio climático y su sostenibilidad urbana. Los responsables europeos le han exigido, además, una serie de requisitos que toda ciudad verde debería cumplir, como integrar la naturaleza, aumentar el uso del transporte público, reducir el gasto energético de las instalaciones municipales, sustituir las bolsas de plástico, desarrollar huertos urbanos...

Cómo hacer una ciudad más ecológica con el menor gasto posible, ahora que los presupuestos públicos no dan para casi nada? La ciencia y la tecnología pueden ayudar. Javier Ríos, investigador del centro Gaiker-IK4, con sede en Zamudio, trabaja para conseguir que las ciudades aprovechen mejor sus recursos. Su equipo aplica su experiencia en ecología industrial, que propone imitar a la naturaleza en el aprovechamiento eficaz de los recursos y en la reutilización total de los residuos para no desperdiciar, ni contaminar, nada. «Muchas de estas ideas se pueden aplicar a la ciudad, con sus flujos de materias y energía», explica.

Las medidas son muy diversas: la implantación de redes de distribución de electricidad inteligentes; la reducción del gasto y de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otras sustancias contaminantes; el uso de sistemas que mejoren la gestión de datos en el control del tráfico, la calidad del aire y del agua; la utilización eficiente del alumbrado público; la recogida de basuras...

Para poner en marcha estos sistemas, las ciudades inteligentes crean un tejido empresarial local que contribuye al desarrollo económico, según sus defensores. Diversas firmas apoyan este modelo en urbes de todo el mundo. En nuestro país, cinco municipios lideran su implantación, según la asesoría tecnológica IDC España: Málaga, Barcelona, Santander, Madrid y San Sebastián. Además, se ha creado recientemente la Red Española de Ciudades Inteligentes, compuesta por veinticuatro.

El uso de energías no contaminantes y producidas localmente es otra medida a fomentar. Friburgo (Alemania), Baoding (China), Adelaida(Australia), Fujisawa (Japón) y Dundee (Reino Unido) impulsan programas para ser ciudades solares que generalicen el consumo de esa energía, permitan a sus vecinos autoabastecerse y creen de paso puestos de trabajo.

En otras, sus responsables han aprobado proyectos futuristas sostenibles, sin contaminación ni residuos, con sistemas energéticos y de climatización renovables, y trazados urbanos pensados para caminar o el transporte público ecológico. El arquitecto británico Norman Foster ha ideado la ciudad Masdar -fuente o recurso en árabe- que se construye en Abu Dhabi, la capital de Emiratos Árabes Unidos. Con capacidad para 50.000 personas y 1.500 empresas, Masdar se propone como una ciudad y centro de negocios y de investigación sobre las energías renovables. Dongtan, en Chongming, la tercera isla más grande de China, protagoniza un proyecto de transformación verde para ofrecer a sus habitantes todo lo necesario para no recurrir a la cercana Shanghai.

Prepararse para lo peor

Algunos expertos son críticos con estos proyectos. Manu Fernández, de la consultora vasca Naider, recuerda que la tecnología por sí sola no puede solucionar los problemas medioambientales y de sostenibilidad de las ciudades, y puede distraer la toma de otras decisiones más adecuadas. «Masdar se pone como ejemplo de ciudad inteligente por el uso de los últimos avances técnicos, pero no es inteligente construir en el desierto de esa manera».

Un clima cada vez más extremo, consecuencia del calentamiento global, y el fin del petróleo barato son algunos de los retos para las ciudades en los próximos años. Algunas ya han empezado a prepararse para esos escenarios. Las urbes de bajo carbono -como Londres, Copenhague, Växjö (Suecia), Vancouver (Canadá) y Phoenix (Arizona)- han aprobado medidas para reducir sus emisiones de CO2, aumentar las energías renovables y sacar del centro urbano los vehículos más contaminantes. Otras van más allá: quieren convertirse en ciudades sin coches, como pasa en el barrio de Vauban, en Friburgo.

En cualquier caso, como indica Javier Ríos, no hay una ciudad que reúna todos los factores ideales, «pero sí se pueden lograr metas realizables». Para ello, el experto de Gaiker-IK4 ofrece los siguientes consejos: marcarse la sostenibilidad como objetivo con tres patas básicas, la medioambiental, la económica y la social, y tener más en cuenta a los ciudadanos, «a los que en muchas ocasiones no se hace caso».

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